Acompañamos hasta el final
El proyecto «Que nadie muera solo» nació de una realidad que nuestros voluntarios encontraron en hospitales y residencias: algunas personas llegaban al final de su vida sin familiares o personas cercanas que pudieran estar a su lado. Aunque los profesionales realizan una labor extraordinaria, no siempre pueden ofrecer una presencia continuada junto a quienes afrontan sus últimos días en soledad. Comprendimos entonces algo muy sencillo: nadie debería recorrer solo el último tramo de su vida.
En qué consiste
Cuando una residencia u hospital detecta que una persona se encuentra en situación de final de vida y necesita compañía porque no dispone de familiares o personas cercanas que puedan acompañarla, puede solicitar la activación de Que nadie muera solo.
Stabat Mater moviliza entonces a un equipo de voluntarios que, organizados por turnos y en coordinación con el centro, permanecen a su lado y la acompañan hasta el final.
No realizamos cuidados sanitarios ni sustituimos la labor de los profesionales. Nuestra misión es otra: estar. Ofrecer compañía, escucha, una mano cercana y la tranquilidad de saber que hay alguien a su lado.
Cuando la persona lo desea, este acompañamiento incluye también la oración y el acompañamiento espiritual, y facilitamos la presencia de un sacerdote para que pueda recibir los sacramentos.
Ofrecemos algo sencillo, pero profundamente humano y cristiano: presencia, oración y esperanza hasta el último instante.

